El enjambre de estambre

domingo, 14 de marzo de 2010

La sensación de estar tan quieta, con el sonido del inmenso silencio que me aturde, que me deja ciega, sin ánimos de retirar las piedras de mis vidrios, sin querer al menos dejar la siesta, tan satisfecha por el banquete, tan a la espera.
Por el jolgorio de esta tarde, segurito que me encierran, pero yo terca, y esque nadie entiende que ese ruidito me inquieta; la voz de ese hombre siempre me altera, duerma de noche, duerma despierta, llega y me dice -No cierres la puerta- nunca entra él, sino solo esa sombra, que comienza a poseerme, hablo en lenguas y nunca me entero de lo que digo, me toma, me encierra, me voy por un momento y encuentro a mis difuntos, después, siempre con un cubetazo me re-animan y me encierran en el cuarto.
-Espera- ahí viene, ya lo siento, ya me quema.

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